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LOS MIAOS DE BURRO

— Oiga abuelita ¿mi abuelito nunca tomó verdad?
— ¡Ah como chingaos no! De recién nos casamos le gustaba andar de atascado tomando sus miaos de burro.
— ¿Y luego? Yo no recuerdo haberlo visto tomar nunca.
— Pues porque se le quitó la maña de andar tomando sus chingaderas de una vez que le eché mentiras. Has de cuenta que una día llegó bien fumigado, todo borracho. Entonces, de lo borracho que venía, vomitó y aproveché para espantarlo porque, no me acuerdo si ese día o un día antes había comido tostadas de cueritos con jitomate y como vomitó los cueros y todo rojo aproveché para decirle que había vomitado todo el hígado y las tripas, y que si seguía tragando sus porquerías se iba a morir el pendejo… y desde esa vez nunca volvió a tomar ni a emborracharse.

                                                                                                       Autor(a): Anónimo

Los miaos de burro: Bienvenidos

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