
LA LAVANDERA DEL RÍO
Tu abuelo siempre fue bueno para la tomadera, llegaba todo trasnochado. Y apostador a más no poder, pues, nomás vele ¿por qué crees que anda ahí haciéndole la lucha? Porque todo lo fue perdiendo poco a poco, pero bueno. Me acuerdo de una vez que llegó todo con los ojos pelones, pálido y con el corazón bien acelerado.
Esa vez, me platicó, que venía ya de la cantina para la casa… y de camino, por el primer puente, por el de fierro, dice que se paró porque vio a una señora muy guapa, según él, de pelo negro. La vio lavando en el río, y por coscolino y suato se bajó por un caminito que daba a donde estaba ella. Y dice que en cuanto llegó y se le paro detrás ¡ah no se llevó un sustote! Dice que vio que la señora tenía una cara horrible de caballo. Y nombre, que de allí se vino a la casa que hasta lo borracho se le quitó. Pero te crees, pa’ mí que venía todo pazguato y por atarantado se puso a ver monos con tranchete.